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Cuando los sueños pueden ser terapéuticos



¿Quién no se ha planteado alguna vez si alguno de sus sueños podían tener un significado real en su vida cotidiana?


A lo largo de nuestras noches podemos encontrarnos con diversos tipos de sueños: ordinarios, lúcidos, premonitorios, pesadillas... y a pesar de no recordarlos todos tenemos entre 4 y 7 aproximadamente. Quizá os hayáis acordado de algunos de ellos durante mucho tiempo por su intensidad o por las sensaciones que os ha dejado al despertar, en cambio de otros nunca seréis conscientes de haberlos tenido. Precisamente por este carácter ambiguo que tienen los sueños nos encontramos con quienes los consideran parte esencial para afrontar incluso momentos de su vida (por ejemplo con sensaciones premonitorias) y otras personas que no les dan ninguna importancia.


Entonces... ¿realmente pueden utilizarse de forma terapéutica?


A pesar de no ser una vía principal cuando trabajo casos en la consulta, si que es un aspecto que considero que puede, en algunas ocasiones, esclarecer algunos aspectos o ayudar a hablar de algunos temas gracias a las metáforas que quedan reflejadas en el mundo onírico. Esto no quiere decir que lo que soñamos sea directamente lo que pasará o lo que pensamos conscientemente, ya que puede haber mucha diferencia entre el contenido manifiesto (lo que soñamos literalmente) y el contenido latente (la simbología del sueño, lo que significaría).



De hecho, prácticamente todos los modelos psicoterapéuticos han considerado que los sueños jugaban algún papel y han generado técnicas para trabajar con ellos.


Hoy quiero explicaros un caso en el que realmente la existencia de unos sueños repetidos nos ayudó a poder trabajar en el problema del paciente. Quiero aclarar que siempre pueden existir múltiples lecturas y que no significa que un sueño solo pueda observarse desde una perspectiva, sino que se trata de una interpretación que nos puede dar pistas para desencallar aspectos inconscientes.


En un primer momento convertimos ese sueño en un texto para poder darle forma. Lo que recuerda el paciente, al que llamaremos S., son más bien las sensaciones generales.


A nivel manifiesto vemos que S. afirmaba soñar con un tiburón en una piscina. Él se encontraba de pié, paralizado ante la existencia de tal animal al que observaba como amenazante, sintiendo que quería huir y refugiándose en un lugar que consideraba más seguro. Pero... cuál era su sensación en ese momento? Por sorpresa, ya que no era lo que parecía en un primer momento, ese tiburón a parte de miedo le generaba curiosidad! Quería asomar su cabeza para verlo pero no se atrevía porque no sabía que le podía pasar.

S. realiza el dibujo.


A nivel transformativo podemos considerar el tiburón como los peligros, lo desconocido que resulta amenazante. Está solo ante esta aventura y su primer pensamiento es evitar, esconderse, pero no puede escapar. Realmente quiere afrontar estas situaciones (tiene curiosidad) pero su reacción es quedar paralizado, siente que el tamaño del tiburón es muy grande y no puede hacer nada ante ello.


El paciente reconoce que hay situaciones nuevas que considera como peligrosas, agobiantes, ante las que no tiene herramientas y no observa la salida. Con el texto desarrollado y viendo que justo despertaba en el momento de miedo, quedándose con la sensación de no poder afrontar, puede pensar en cuál seria el final para él.


Aunque este sueño y otros no han sido el motivo principal de trabajo, los tiburones sí han sido una buena metáfora para mejorar la seguridad y observar que en realidad el animal no resultaba ser tan grande como había permanecido en su inconsciente.


¿Y a vosotros/as? ¿algún sueño os ha ayudado a dar sentido a situaciones cotidianas?



Núria Montagut - Teléfono: 658 056 738 - Email: nmontagut@copc.cat 
 Vilanova i la Geltrú